Bob Dylan vino, tocó, y conquistó. En un concierto que
duro un poco menos de dos horas en total, demostró que no es necesario basarse
en clichés para entregar un buen show, y lo mas importante, que tenemos Dylan
para rato.
Mi expectación por el concierto era alta, llegué a la Arena
Santiago a las 18:15 y me instalé en la fila. No fue hasta las 19:15 que las
puertas se abrieron y los mas de 600 personas que habían a las afueras del
recinto, que se encuentra al lado del Parque O’higgins, comenzaron a avanzar en
perfecto orden hacia uno de los shows que mas prometía desde que se informo la
visita de uno de los músicos mas importantes del siglo pasado, y hay que
decirlo también, del actual.
La gente fue llenando de a poco la arena. Mas de ¾ del
sector de cancha estaban destinados para la cancha preferencial que contaba con
asientos numerados. Las plateas comenzaron a ser habitadas por gente de
diferentes edades, inclusive padres con hijos entre los 20 años, reunidos ante
el fuego de la música del criollo de Duluth, Minnesota.
A las 21:05 comenzaron a apagarse las luces y una voz de
fondo, el house announcer, comienza a decir un gran resumen de la vida
de Dylan, donde lo presento como el poeta laureado del rock que durante las
décadas fue cambiando hasta volver con todo en los ’90.
Las luces del escenario se encienden y muestran al bluesman
(vestido con chaqueta, pantalones y sombrero de negro), con su guitarra cruzada
en su flaca humanidad. Los primeros acordes que comienzan a explotar desde los
amplificadores son de la canción “Leopard-Skin
Pill-Box Hat”, track 7 del Blonde On Blonde, que suena mucho más potente de lo
que se escucha en el disco editado en el año 1966. Señoras y señores, así
comenzaba el reencuentro después de 10 años con el público chileno.
Le siguieron Lay,
Lady, Lay y Watching The River Flow, ambas mas la primera
tocadas íntegramente por un Dylan encargado de la guitarra eléctrica. Dylan
tiene una energía especial, algo que mientras tu lo veías con la guitarra
tocando los acordes de aquellas canciones, veías al icono que se ha convertido
Robert Zimmerman, a ese personaje llamado Bob Dylan, que camina por la
carretera 61 (que conecta su natal Minnesota con uno de los estados mas ligado
a la historia musical, en especial del jazz, de Estados Unidos como lo es New
Orleáns), dejas de ver a una persona para ver a un juglar moderno lleno de
experiencias que también pueden ser tuyas por una noche. El country blues se
siente bien.
Posteriormente se
puso detrás del teclado, y de ahí no lo sacaron mas en toda la noche, donde
tocó una “Masters Of War” irreconocible (para los que se quedaron con la clave
folk con la que fue concebida en los 60) para pasar a la primera canción,
dentro del set, del disco que esta presentando en esta gira (el potente Modern
Times), la canción elegida fue Rollin’ And Tumblin’. Le siguió Spirit In The
Water (también del Modern Times), donde sacó a relucir su harmónica, y la
canción que le valió el Oscar y el Globo De Oro en el 2000 por mejor canción
original para película (Wonder Boys), la maravillosa Things Have Changed.
De ahí la noche
fluyo, mostrando a un Dylan, que a pesar de los años, sigue muy vigente y
siempre innovador con versiones nuevas de canciones como Highway 61 Revisited y
Just Like A Woman (con un intro hermoso de harmónica). Si buscas madurez y
consistencia a través de los años en presentaciones en vivo, encontraras a
Dylan y una foto de el en la definición.
El set principal
termino con uno de los tantos himnos dentro del cancionero de Bob, la siempre
grandiosa “Like A Rolling Stone”. Las luces se apagaron y la gente ovacionaba,
esperando la vuelta del músico. Aun quedaba noche y los oídos aun ansiaban un
poco mas de la voz hipnotizante de Dylan. Minutos después volvió para darle un
último gustillo al público chileno. Lo primero que hizo fue dar las gracias y
presento a su banda que estuvo muy sólida (en especial el guitarrista
principal, sus solos estaban muy bien construidos. El baterista también saco muchos
aplausos, merecidos totalmente) y termino tocando dos canciones, Thunder On The
Mountain y el himno folk por excelencia (que en esta oportunidad no tuvo nada
de folk) Blowin In The Wind. Termina la música y Dylan con su banda se paran al
borde del escenario para recibir los enfervorizados aplausos y gritos varios
del publico que estaba eternamente agradecido. El viaje terminaba minutos antes
de las 11 de la noche.
Mientras salía
hacia la elipse y posteriormente al paradero de micro, escuche muchas criticas
de la gente. Unos decían que había estado corto, que las versiones eran na’ que
ver, que Dylan no estaba cantando bien, hasta escuche a uno decir “me siento
estafado”. Señores, Bob Dylan es un genio, es un tipo que hace sets cortos, que
ha cambiado las versiones por que debe ser fome estar cantando de la misma
manera una canción por mas de 40 años (en el caso de Blowin o de Masters), mas
que mal fue uno de los primeros artistas en reinventarse casi en 180 grados
cada vez que fue necesario. Las sumas de las partes dan por resultado el lujo
de poder haber visto a uno de los mejores músicos de los últimos 40 años y que
ayer demostró con creces el porque.
Robert Allen Zimmerman, hats off to you.
Listado de
canciones:
1.
Leopard-Skin Pill-Box Hat
2.
Lay, Lady, Lay
3.
Watching The River Flow
4.
Masters Of War
5.
Rollin' And Tumblin'
6.
Spirit On The Water
7.
Things Have Changed
8.
Workingman's Blues #2
9.
Just Like A Woman
10. Honest With Me
11. When The Deal
Goes Down
12. Highway 61
Revisited
13. Nettie Moore
14. Summer Days
15. Like A Rolling Stone
(encore)
16. Thunder On The
Mountain
17. Blowin' In The
Wind
(Critica no publicada. Visita del 2008)
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